Los datos presentados recientemente por la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES) ponen de manifiesto la sólida capacidad de supervivencia y consolidación de las empresas de Economía Social apoyadas con recursos del Fondo Social Europeo (FSE). Según cifras ofrecidas durante el diálogo “El poder de cohesión de la Economía Social”, organizado por Servimedia, entre 2016 y 2023 se constituyeron 2.238 empresas de Economía Social gracias a proyectos impulsados con fondos del FSE; de ellas, 1.990 seguían activas en 2025, lo que representa un 88,92% de supervivencia empresarial.
Este dato no solo refleja la eficacia de las medidas de apoyo a la creación de empresas en este modelo productivo, sino también la capacidad de resiliencia de las entidades de Economía Social como cooperativas, sociedades laborales, empresas de inserción y otros agentes que priorizan la inclusión social y el desarrollo sostenible frente a las fórmulas de negocio tradicionales.
El impacto del Fondo Social Europeo en la Economía Social
El Fondo Social Europeo ha sido un pilar clave para impulsar proyectos de creación, crecimiento y consolidación de empresas de Economía Social en todo el país, especialmente a través del Programa Operativo de Inclusión Social y Economía Social (POISES) y otras convocatorias gestionadas por CEPES como organismo intermedio. Estos recursos han permitido acompañar a las nuevas iniciativas empresariales desde su etapa inicial hasta su consolidación, favoreciendo que una amplia mayoría de las empresas financiadas no solo sobrevivan, sino que se fortalezcan con el paso del tiempo.
Además, el diálogo destacó la importancia de abordar tanto el impacto macro —en términos de creación de empleo y dinamización del tejido productivo— como el impacto micro, que se traduce en oportunidades de vida y empleo para personas en situación de vulnerabilidad, especialmente en zonas con desafíos demográficos o con dificultades de acceso al mercado laboral.
Testimonios sectoriales: diversidad territorial y social
Durante la conversación participaron representantes del sector de la Economía Social que aportaron ejemplos concretos de este impacto. Por ejemplo:
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La Asociación de Sociedades Laborales de Euskadi (ASLE) destacó que las sociedades laborales y cooperativas representan aproximadamente el 7% del empleo en Euskadi, lo que equivale a unos 62.000 puestos de trabajo cuando se abarca todo el sector cooperativo.
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En Castilla-La Mancha, el enfoque en la Economía Social contribuye a contrarrestar la despoblación rural, subrayando la importancia de los fondos europeos para mejorar competitividad y formación en un contexto de “ruralidad extrema”.
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En Andalucía, la Economía Social representa alrededor del 14% del PIB regional, con cerca de 6.000 empresas y una proporción mayoritaria de cooperativas, destacando la relevancia del FSE para implementar proyectos innovadores y de fijación de población.
Asimismo, testimonios de participantes en proyectos financiados ilustraron cómo iniciativas orientadas a la economía circular, energía limpia o inclusión sociolaboral han generado empleo y transformado vidas, especialmente de jóvenes y colectivos vulnerables, demostrando que las oportunidades brindadas por los fondos no son solo cuantitativas, sino también profundamente cualitativas y transformadoras.
Reflexión desde la academia
Desde la Cátedra de Cooperativismo y Economía Social de la Universidad de Valladolid valoramos la solidez de estas cifras como un claro indicador de que las políticas públicas europeas, canalizadas a través de instrumentos como el Fondo Social Europeo, tienen un impacto duradero en el tejido productivo y social español. La elevada tasa de supervivencia de las empresas respaldadas no solo evidencia el potencial del modelo cooperativo y de la Economía Social para generar empleo de calidad y cohesión, sino que también confirma su papel como vehículo eficaz de desarrollo inclusivo y sostenible, especialmente en contextos territoriales con retos demográficos y socioeconómicos específicos.

